martes, 12 de noviembre de 2013

Crónicas de un duelo anunciado.

Fue abrir los ojos y mirar su silueta respirar...  estaba cansada, lo pude advertir en cada suspiro de sueño que oí. Estábamos los tres, ella, yo.. y la luna. Nos observaba por la ventana que habia dejado abierta, el calor nos agobió aquella noche. Quizás fue ese Latitud 33 que me tomé, pero la sombra brillaba. Y mis parpados no alcanzaban a abrirse lo suficiente, para disfrutar ese espectculo penumbro.
Parecia un cuento de terror. no por su contenido en si, sino por el hecho de saberlo- como todo en la vida- efimero.
Y me convenci mil veces,  que quedarian impregnadas esas imagenes en mi cabeza, serian las fotos que nadie puede ni podrá sacar. Ese momento unico, sería el póstumo paso a la transgresión.
Pasó la noche, y por la mañana, muy altiva se replegó sobre su ropa, me saludó con un beso que me sabía a perdón.  Estaba escrito en su mirada, puesto que nunca dejé de mirarla.
Transcurrió el momento, fueron a un recital, transcurrió la noche.
 y sentí como la verdad me golpeaba la puerta.
Dude un segundo, pensando en lo maniosa y autolesiva que podria ser mi consciencia.
Me senti un paranoide. o me lo habran hecho sentir -eso está en discusion-.
Pasó un dia, no recibi noticia alguna. Preocupado desisti en mi impetu por no levantar el telefono.
Le dije con tono de preocupacion - " hey, gorda, te pasa algo?" a lo que recibi la respuesta mas gélida de mi vida "no, estaba durmiendo nada mas, necesitas algo?".. no fue lo que enunció en si, sino su tono de voz. ya no era yo su ser amado, era una mochila que le sopesaba en la libertad.  Mi unica respuesta fue "si, quiero verte"... a lo que un silencio de velatorio acompaño mi frase. Yo en expectativa, ella en discrepancia de sentimientos.
Logré verla ese mismo lunes.. jugamos a las cartas, nunca voy a olvidarlo. Me enojé con ella por un segundo y fue la excusa perfecta para demostrarme su frialdad en la máxima expresión -que hábil resultó ser-.
Pasó el momento, y luego de una hora, decidí marcharme, no podía estar ahí.
Retorné a mi casa envuelto en lagrimas, no podía guardarlas, ya me sobrepasaba la impotencia. Fue luego, que ella enojada, me hizo sentir que yo estuve mal.. (me manipuló abiertamente, debo confesar)
Pasaron unos días, los peores y mas largos para mi. Dejé de estudiar, deje de leer, de salir, absolutamente mi mundo se detuvo al compás de unas agujas que no rotaban, y un mensaje que no tenia intensiones de llegar.
Llegó el viernes. y yo tenia un recital al cual asistiría con una amiga, tenia una inmensa mezcla de ansiedad, no solo por verlos tocar, sino por oir a la que en aquel entonces, poseía toda la verdad del universo. (una vez mas, la idealicé)  y solo lloró, lloró, lloró... me miraban esos ojos pardos, y no emitían palabras. Solo lloraban perdón y poco a poco, mi fantasía nefasta fue tomando la dureza de una piedra. Fue haciéndose real. Lloró y una vez mas, me besó, yo sin querer aceptar a realidad, me fui prometiendo volver a verla.

Ya era tarde. su monstruosa debilidad, carcomió sus promesas. dejando nula cualquier expectativa de futuro. No podía perdonarla. Ella tampoco quería que lo hiciese -lo sentí-. Se me estrujó el estomago por los consiguientes 5 meses, y alimenté mi rencor, mi odio, me fui encerrando en la palabra rota. La palabra "amor", estaba hecha pedazos.

Desde entonces comprendí, que el valor de una palabra puede ser mayor a cualquier cifra cuantificable.
Si de algo soy consciente, es que no haré al prójimo lo que he padecido. nadie se merece padecer la hipocresía de un sentimiento histerogeno. ni a mi enemigo le deseo el mal de amores, esa mezcla de miedo, esperanza, angustia, dolor visceral, cosquillas tautologicas... nadie se merece ese circo.

Fui victima, peor aun, fui voluntario.

Todo estaba anunciado, cada paso que erguía la pitonisa, cada segundo que se inmiscuía en un mar de risas. Elaboré el duelo antes de perderla. Elaboré mi propio duelo. Por que desde entonces, murió en mi, una parte.

Y no la extraño, no la lloro.
Me extraño a mi mismo, me lloro el haberme perdido yo.
pero es parte de un ciclo llamado vida, y este afán peligroso que tiene la misma,
 de derrumbarnos cada tanto las estructuras
 para hacernos temblar, llorar, pensar, dudar.... crecer.
Gracias vida.
gracias.
 por dejarme reconstruirme,
aunque las lagrimas cuesten sangre.
aunque las lagrimas cuesten tiempo.


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