Primeros momentos
del año 2014, un mano a mano, con alcohol de por medio, con mi progenitor.
En un principio todo pareció un jolgorio, felicidad,, risas, intercambios fortuitos entre
el y mi madre.
Mi hermana acompaño en la
felicidad de recibir un nuevo año.
Percutidas ellas,
por el cansancio del dia acudieron a despedirse. Se fueron a dormir.
Entre un par de
comentarios, inversiones arriesgadas, delirios misticos de una economía que
ante mis ojos es absolutamente falaz, no pude contener mi opinión y hable.
Dije muchas cosas
que tenia guardadas hace tiempo. Como hace tiempo también, mi progenitor no
puede despegarse de una culpa dominante e hiriente. El no haberme podido ayudar
cuando mas lo necesite, cuando era chico.
Quizás ahora
cuente yo, con la suerte que él esté siendo
de gran ayuda para mi progreso académico y mi vivir cotidiano. A nivel económico
estamos hablando. Pero no puedo borrar de
mi memoria, no mi sufrimiento. Sino las lagrimas derramadas por mi madre a lo largo de tantos años de
inestabilidad económica, que decantarían en un desequilibrio emocional por
parte de quien les escribe..
Sucede que la
persona que les comento, la misma que está ahora llorando -mientras sostiene un vaso de cerveza- no es quien sino, aventurado en sus ilusiones, se arrojó a los brazos de una
señora mayor, a fin de conseguir un
status socio económico mejor.
Siempre explicó
que amó y ama a mi madre y a mi, que por eso mismo tuvo que alejarse para hoy poder
ayudar.
Tiene su lógica,
he de admitirlo..
Lo que no puedo
concebir, es que se plantee la imposibilidad de poder ver que creci.
Ya no soy
mas ese nene que a llanto vivo lo pedia en cada cumpleaños.
Ni ese piojito que
observó en su infancia, como se ausentó quien debería de haberle sostenido la
mano derecha al entrar al jardín el primer dia.
Calculo que ésta
exocitacion de sentimientos hechos letra, no son mas que un método para no caer
en esas benditas lagrimas que tanto he utilizado como recurso hasta el dia de
la fecha.
Que un ser de ese
talante, se reduzca a llanto delante mio, no me produce lo que pensé que produciría
–felicidad- sino… me hace sentir fruto
de una decepcion viviente. De quien vive en su pasado.
No logro comprender como
una persona mayor, a sus cincuenta y tantos,
no pueda tener el tacto de callar
ciertas cosas.
Puede que el alcohol lo haya dominado. Y haya visto conveniente
poder expresar su dolor afirmando: “todo lo mío es tuyo, no creo llegar al año próximo,
quiero dormir”.
Comenzaron las lágrimas
en este punto. Puesto que no se que
sentir. O quizás sienta demasiado. Odio, ira, rencor, lastima. Todo se mezcla. Y
lo tengo durmiendo en mi cama. Donde yo reposo todas las noches. Acaso no es
dormir con un enemigo?
No faltara quien
opine al respecto, acotando que soy un desagradecido por todo el apoyo que me
da… a esas mismas personas las invito a
medir en litros y silencios, la cantidad inmensas de emociones que padecí a lo
largo de mis 21 años.
Hoy, 1 de enero
del 2014. Acabo de tener el peor día de mi vida.