Que sucede cuando un clavo es despegado de la piel?
Un montón de dolor aflora, y no solo por el clavo, sino por
la piel que se ve una vez más atacada por algo externo, el frio y el abandono.
Y por lo interno, las marcas de la piel, que son todas esas historias que han
dejado su huella en la memoria de quien hoy, debe sacarse de su tejido mas
sensible y finito, un pedazo de hierro
punzante y mortífero.
Al primer tirón, el clavo sigue muy profundo, remueve un
poco de músculos, toca un nervio y hace saltar un lagrimón, quizás un grito. Ese
grito no representa el dolor físico. Abarca la no palabra, el sentimiento de
haber roto toda su vida, de haber dejado que la piel, ese tejido extenso y frágil,
haya sido penetrado por la metáfora de la completud, por ese clavo seguro de si
mismo, que pretende estacionarse para jamás irse..
Al segundo tirón, que ya no es propio, surge y es necesario
hacerlo, el clavo va destrozando esa tela, va abriéndose paso de salida, y su
lugar, es ocupado por sangre, por aire, por plaqueta que pronto será cicatriz.
Los nervios atacan al vacío, y la lágrima ataca la cara, haciéndole saber que algo no anda
bien. El dolor de los nervios es algo
que no puede ser puesto en palabras, la angustia de lo físico no se acopla
a la angustia de un cuerpo, que ha
recibido besos abrazos y promesas, de ese clavo, puto clavo.
Y el clavo sale, el dolor cesa, la sangre inunda un segundo,
todo lo blanco de la retina, que mira el presente convertirse en el pasado. El
temblor de haber desgarrado nuestra comodidad queda latiendo. No quedan
lagrimas que recorran la cara, solo ese punto en la piel, esa mancha, que no es
mancha, es un túnel de vivencias, de años de alienación, que hoy, se encuentra
re-llenándose. De sangre, de dignidad.
Los nervios se vuelven a conectar, nuevamente, asi como las
ideas florecen de nuestro intelecto una vez que ya no nos impera esperar que el
tiempo pase. Eso es señal que el tiempo ya pasó.
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