martes, 29 de octubre de 2013

a Paula.

fue muy raro ese 25 de enero de hace ya 4 años, por que no salí de joda, como tan acostumbrado estaba en aquel entonces, recuerdo que rechacé tres invitaciones, de amigos, de amigas y de una chica muy linda, la misma que hoy es una amiga de fierro. y que hice? no recuerdo bien como fue. quizas quiero que quede borroneado ese renglon de la historia.
Se que veniamos de apedrearnos los vidrios, con premisas injustas. ella, toda una pelotuda materialista. yo, un adolescente regordeto que no sabia para donde correr. y estaba alunado bajo los efectos de una perla falsa. -perla que me digne a darle brillo por mucho tiempo-
Quizas fue la peor decision, quizas una de las mejores. menti para poder concurrir, pusimos pretextos para poder alienarnos los labios por un rato, y escaparnos de la crueldad de los dias de sol. fue una noche, fueron momentos de charla, donde escribiamos un libro que pronto ibamos a quemar, nuevamente con actos, nuevamente con faltas.
Ahorrando todo el devenir problematico, creo que esa noche, fui en busqueda de algo mas que piel, fui a buscar una amiga. esa que pretendia que fuese. pero la vista del rock y las luces, no se frenan con el poeta y sus sombras. fui mucho para esa persona, fue mucho para mi.
y nos compramos una cerveza, caminamos por la costa de rosario, pisamos el monumento, nos quedamos ahi, añorando la libertad con la que veiamos flamear una hoja de arbol. -era muy pelotudo, de seguro estaba pensando en ponerla nomás, ahora reflexiono asi- nos paseamos por el parque españa, ella siempre sobre sus tacones, para nunca bajar a mi realidad.
y pasaron las horas, jugué su juego, el de no ser yo por un rato. de hacerla reir, para llenarle un poco el alma. fue una obsesion impresionante la que tuve con esa mujer. no con ella en si, sino con el sentimiento o la idea que tenia de ella. al final, ella solo fue el objeto de mis ilusiones. no era nadie.
nos juramos un nuevo amanecer, mientras llenabamos nuestros ojos de sol. una caricia de viento me estremecía la piel, mientras yo, le servia de abrigo en medio del parque.
Fue demasiada emoción, como una explosión, que acabo de manera muy precoz.
lo lamentable de escribir esto, es recordar la emoción que me causó esa imagen.
lo que lamento, es no haber podido abrigar esos hombros una vez mas.

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